La Hormiga
LA HORMIGA:
Los arboles del bosque eran muy altos. Recuerdo que mi padre me llevaba dos veces al mes para contar las hormigas que caminaban en fila, respetando el lugar de cada una y trabajando en conjunto y en equipo para lograr su objetivo. Creo que por eso siempre me gustaron las hormigas. Pasaba horas en el bosque observando su comportamiento, mi padre a lo lejos me miraba con esa paciencia que siempre lo caracterizo, era mi padre y era mi mejor amigo.
Cuando decidí emprender una empresa personal, siempre tome de ejemplo a las hormigas, la obsesión que tenía por ellas me dotaba de sus características y en el trabajo creo que era una de ellas. Cuando el negocio empezó a crecer tuve que adquirir personal y fui muy exhaustivo en la selección ya que los elegidos debían reunir las mismas características que bajo mi percepción eran primordiales a la hora de trabajar como hormigas. Es así que la empresa crecía día a día, hasta que llegamos a la gloria económica mi equipo de trabajo y yo como líder del proyecto, un Rey.
Cada mañana antes de ir a la oficina leía el periódico siempre con la misma continuidad, horario y dedicación. Hasta que un día la tapa del diario decía “Hormigas: Estos insectos representan del 15 al 20% de la biomasa total de los animales terrestres en el mundo, siendo así, similar a la biomasa total de los humanos sobre la tierra”. Esa tapa periodística me hizo comprender que nunca había estado equivocado en mi fanatismo por ellas y es más, pensaba que en algún momento ellas podrían llegar a ser superiores a nosotros en cuanto capacidad de trabajo y organización, es por eso que concluía siempre cada día a cada hora, que eran un ejemplo a seguir, tienen un ordenado y muy estructurado sistema social, aunque también advertía que ellas eran mis principales adversarias. Sin embargo bien sabía que cada conjunto de hormigas formaba su propia población y llegaban a un egoísmo descomunal cuando eran invadidas por otras colonias que no formaban parte del grupo, algo muy parecido a nosotros, los humanos.
Las cosechas iban cada vez mejor, llegamos a exportar al exterior convirtiéndonos en la empresa número uno en agricultura y ganado. Era un hombre muy feliz no me hacía falta nada en la vida, lo que quería lo tenía todo al alcance de mi mano. Era el Rey de la colonia. La metamorfosis casi estaba concluida.
El paso de los años trajo aparejado un declive en la producción, diversos altibajos financieros mermaban el trabajo y la producción ya no era la misma, se habían alterado factores y me frustraba no poder vencerlos. Mi rol en la empresa empezó a cambiar, personalmente ya no era el mismo, ya no me sentía capaz de ser Hormiga. Los informes que pedí a mi equipo de trabajo me anunciaron que el problema se debía a que las hormigas de fuego invasivas ocasionaron $750 millones de pérdidas al año en daños al ganado y los cultivos, que la reparación del perjuicio ascendía a $5 millones para reparar los mismos.- El Gran grupo de concejeros económicos trato de convencerme de superar la perdida ya que teníamos espalda financiera para poder hacerlo. Sin embargo decidí abandonar la batalla. Fui vencido por las hormigas. La empresa fue cerrada y volví al bosque donde alguna vez me llevo mi padre, para volver a aprender de ellas y así lograr vencer una segunda batalla colonial. Estaba en la fila, era el último, ya no era el Rey.-
Melisa Waibel.



Un curioso y buen cuento. Las hormigas, tan trabajadoras, también pueden destruir.





































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