COVID - 19. 9.- Fueron los mexicanos.
Serie Cuentos de Cuarentena
Escribir es lo mejor que puedes hacer cuando estás en cuarentena. Dejar volar la imaginación para salir del aburrimiento cotidiano. Mezclar lo real con lo fantástico es un buen ejercicio para la mente: estimula el cerebro y las neuronas dejan de morirse por falta de uso. Éste es un resultado positivo – creo – de la cuarentena entre marzo y mayo de 2020.
9.- Fueron los Mexicanos
Los mexicanos estamos cansados de que los chinos, los gringos y vaya Usted a saber quién más, nos manden plagas, enfermedades y otros infortunios. Además, los chinos nos han inundado con sus productos (la mayoría chafas) que afectan la economía del país. Se aprovechan de que la mitad del pueblo mexicano tiene pocos recursos económicos y compra barato.
Entonces, Juan Hernández, un mexicano residente en China, decidió darles una tableta de su propio chocolate para que aprendieran. Es sabido que los chinos comen muchas porquerías. Aprovechando la situación, Juan se puso a criar xolotzcuintles (perros mexicanos feos y pelones) para venderlos en los mercados. El negocio iba bien hasta que un chino gandalla se lo quitó.
Entonces, Juan ideó la manera de deshacerse de algunos chinos (como un pelo de un gato) y se puso a estudiar la manera. Considerando que la mayoría de las epidemias y las pandemias recientes se originaron allá, Juan encontró que muchos virus que atacan al humano son de origen animal. Los coronavirus sólo son algunos. Estuvo en varios mercados para conocer el movimiento de la mercancía legal e ilegal: animales muertos y vivos o partes de ellos que se vendían como pan caliente en esos mercados y en tiendas de medicina tradicional.
¿En qué mentes tan retorcidas puede caber que los murciélagos, las civetas o los pangolines son comida? Ustedes ya saben en cuáles. Juan había leído de una enfermedad que a veces les pegaba a los caballos y les afectaba el sistema nervioso. Lo más interesante fue saber que, al comer frutos de un árbol de Ficus, los caballos se contagiaron. ¿Cómo llegaron los higos al suelo? Resulta que los murciélagos se los comían en las ramas y algunos se caían al suelo; después los caballos se los comían.
¡Eureka! exclamó. Y eso que no era griego. Capturó varios murciélagos de herradura en el sur de China, los crío en su casa y los llevó a varios mercados de animales. Los vendió a buen precio y regresó sonriendo a casa.
Lo malo es que no se cuidó lo suficiente y fue una de las primeras víctimas mortales de la enfermedad que desató. Ni modo.
Así es la vida.

Cuentista Chido























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