COVID - 19. 20.- Covidolocos: el origen. Parte 3.
Serie Cuentos de Cuarentena
Escribir es lo mejor que puedes hacer cuando estás en cuarentena. Dejar volar la imaginación para salir del aburrimiento cotidiano. Mezclar lo real con lo fantástico es un buen ejercicio para la mente: estimula el cerebro y las neuronas dejan de morirse por falta de uso. Éste es un resultado positivo – creo – de la cuarentena entre marzo y julio de 2020.
20.- Covidolocos: el origen. Parte 3.
¡Estoy cansado de estar encerrado!
La vida en estas cuevas es muy aburrida. Me la paso escondido para evitar ser comido, para no ser fagocitado. Ciertamente, mis amigos los murciélagos me llevan de aquí para allá y me distraigo un poco. Pero casi todo sucede en estas interminables cuevas, húmedas y oscuras. Sólo cuando salen a comer en la noche puedo descansar del calor y de la peste a guano.
¿Qué podré hacer para salir de aquí? Estoy atrapado en las células de este desgraciado murciélago que ni siquiera sabe volar bien. Hace unos giros bien locos y me deja todo mareado. Además, le gusta la cumbia y el break dance. Tampoco puedo replicarme a gusto porque estos canijos animales no se enferman, sólo nos transportan a mí y a muchos otros virus.
Esta comunidad quiróptera es muy grande: ¿Por qué no me tocó estar dentro de otro individuo? Los días pasan y sólo me queda estar ideando pero también filosofando sobre nuestro extraño origen: ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Quién nos creó y para qué? ¿Cuál es el final real de Dark? Parece que era alguien muy malicioso porque causamos muchos problemas a la gente y a muchos animales. A las plantas también. Contribuimos a que haya menos población humana pero no lo suficiente, se reproducen más que los conejos. Las bacterias nos llevan la delantera.
Tengo que cambiar los hábitos de este animal que me trae dentro para poder escaparme de la rutina y salir a conocer el mundo. Me trasladaré a su cerebro para poder influir en sus pensamientos, para lograr que no regrese en la noche y se quede afuera, donde podré salir al fin e infectar a medio mundo. Así cavilaba y cavilaba hasta que un día, por accidente, su murciélago hospedero se golpeó la cabeza y ya no pudo regresar a la cueva.
Covidín estaba feliz. ¡Al fin! exclamó. Conoceré mucha gente y muchos países. Infectaré a todo el que se me antoje. Seré parte del Nuevo Apocalipsis que se avecina, como tantas veces se ha predicho a través de los siglos. Con ayuda de las bacterias, barreremos al Homo dizque sapiens de la Tierra y comenzará una nueva era: La Nueva Anormalidad.
¡El futuro es nuestro!

Cuentista Chido























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