Implicaciones globales del terrorismo a raíz del 11-S
La imagen de los acontecimientos del 11 de septiembre sigue aún muy fresca en la memoria inmediata de millones de personas en todo el mundo, no importa qué es lo primero que nos venga a la mente, el ataque terrorista de ese día en el World Trade Center y Washington ha quedado inmortalizado en la historia de la humanidad por no tener precedente alguno. Las implicaciones que trajo consigo el 11-S ha sido la reconfiguración del sistema internacional a partir de la aparición de estos actos de violencia, los cuales han producido un nuevo tipo de guerra en la que el uso de las armas ya no es suficiente y, por otro lado, la fragilidad de la primera potencia mundial puso en evidencia la incapacidad del paradigma imperial para garantizar y sustentar la paz a nivel internacional.
La falta de una definición más exacta del terrorismo y sus tipos se debe en gran parte a que este tipo de actos no siguen un patrón único, es decir, todos los ataques terroristas a lo largo de las últimas décadas han variado en tiempo, forma y fondo. Esta situación obstruye la oportunidad de conocer el número exacto y las características de los atentados terroristas a nivel internacional, en palabras de José Aranda (2002), esa falta de definición nos impide realizar un análisis sobre aquellos rasgos diferenciales que pudieran explicar el hecho de que unos países sean victimas de algún tipo de terrorismo y otros se vean libres del mismo.
El terrorismo en su forma extrema no es un tema o un hecho reciente. Durante las guerras por la independencia de los nuevos Estados, que se constituyeron como tales en el siglo XX, la práctica del terrorismo fue generalizada. La lucha por la independencia de Argelia, por ejemplo, llevó al territorio de Francia el flagelo del terrorismo nacionalista (Godoy, 2001: 38). Por otro lado, Al Qaeda no es el único grupo terrorista en el mundo, junto con éste existen también el ETA en España, el ERI en Irlanda, la Hermandad Roja en Turquía, el Tupac Amaru en Perú y los Zetas en México por sólo mencionar algunos.
De acuerdo con David Held (2001), los atentados terroristas del 11-S dieron paso a lo que él considera “nuevas guerras”, en las cuales ya no son suficientes los esfuerzos militares implementados por una nación, es decir, éstos ya no son decisivos para determinar quién es el ganador de la contienda, por el contrario, la versión fundamentalista de esta guerra tiene como directriz el uso de la violencia sin límites y el no reconocer diferencias entre los combatientes y la población civil, por lo que se deben de encontrar nuevas estrategias de cooperación internacional para solucionar, o al menos tratar de contrarrestar al máximo las acciones que emprenden los grupos terroristas.
No obstante, esta nueva forma de guerra no se encuentra delimitada en el marco jurídico del derecho internacional; dentro del mismo únicamente se reconoce el ius belli como una facultad soberana de los Estados. La “guerra” declarada por los Estados Unidos al verse afectados en su integridad nacional, no es una guerra en sí misma, sino que se trata de acciones punitivas que requieren del acuerdo de otros Estados para legitimar sus acciones en contra del terrorismo mundial. Por lo tanto, las "nuevas guerras” requieren de la legitimación de la comunidad internacional y de que los Estados democráticos antepongan el tema de seguridad sobre cualquier otro con el objetivo de fortalecerse como nación.
Aunado a lo anterior, nos encontramos con que los sucesos del 11 de septiembre monopolizaron en su momento la atención mundial y a partir de entonces cualquier acto considerado como terrorista concentrará la mirada de los medios de comunicación. Para Stella Rimington (2002), los medios han ayudado a que se cumplan los objetivos de los terroristas al darle cobertura a sus atentados y a su organización, hecho que seguirá atrayendo a más extremistas. Igualmente, los mass media han colaborado con la polarización del mundo en dos bandos: o se está del lado de Estados Unidos o con el terrorismo; no existe una guerra entre religiones distintas, sino una guerra de ideologías, convirtiendo de esta manera al conflicto en una segunda versión de la Guerra Fría, en la que los terroristas musulmanes son los nuevos comunistas del siglo XXI.
Es ante este contexto que nos encontramos ante un nuevo escenario mundial en el que los Estados Unidos siguen enfrascado en una guerra encarnizada contra el terrorismo internacional con el propósito de reconfigurar el sistema para seguir manteniendo la batuta, sin embargo, lo que este país no ha podido comprender es que para terminar verdaderamente con el terrorismo se requiere combatirlo a través de objetivos políticos y no con más violencia ya que ésta última sólo alimentará el odio, el rencor y el resentimiento de otros grupos extremistas, engendrando de esta manera un círculo vicioso que no logrará frenar el terrorismo internacional. Esta crisis puede llevar a los Estados Unidos y sus aliados a aumentar su poder bajo su “deber” de asegurar la paz mundial por medio de la imposición de su supremacía y a expensas del deseo y la buena fe del resto de la comunidad internacional. Sin duda alguna, el 11 de septiembre de 2001 será recordado como el día en que el victimario se convirtió en víctima.
Bibliografía:
- Aranda, José. (2002). Datos del terrorismo internacional. Sociedad Colectiva y Defensa Nacional – Belt Ibérica S.A. Analistas de Prevención. Disponible en: http://www.belt.es/articulos/articulo.asp?id=264
- Godoy, Óscar. (2001). Terrorismo e historia. Centro de Estudios Públicos – Chile. Disponible en: www.cepchile.cl/dms/archivo_2983_539/rev84_godoy.pdf
- Held, David. (2001). Violence, Law and Justice in a Global Age. Social Science Research Council. Disponible en: http://www.ssrc.org/sept11/essays/held.htm
- Rimington, Stella. (2002). El terrorismo no empezó el 11 de Septiembre. Sociedad Colectiva y Defensa Nacional – Belt Ibérica S.A. Analistas de Prevención. Disponible en: http://www.belt.es/articulos/articulo.asp?id=239






































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