Esta sería la historia que nos han contado; una historia que sólo se acepta y se sostiene a través de la fe. Pero lo que a mí me interesa destacar, en definitiva, son los posibles abusos sexuales y el engañoso episodio sobre la homosexualidad, por lo que procederemos a reinterpretar una historia con demasiados puntos débiles como para resultar creíble.
En el transcurso de este relato intervienen diversos personajes, aunque los únicos nombrados son Abraham y su sobrino Lot. La identidad del resto no parece relavante para los antiguos escribas de la Biblia. Respecto a Lot sabemos que tenía mujer y dos hijas, aunque por otro pasaje averiguamos que tenía más mujeres; algo muy habitual en aquellos tiempos. También da la impresión que los únicos hechos reseñables de estos personajes secundarios fueron convertirse en estatua de sal, su mujer, y abusar de su propio padre, sus hijas. La primera, además, con el agravante de haber desobedecido a Yahveh, y las segundas… ¿cometiendo un pecado? Los narradores bíblicos no se atrevieron a tanto y quisieron reconvertirlo en algo similar a un acto de supervivencia. No menos sorprendente es que a Lot no parezca importarle un pimiento la suerte de su esposa, pues ni se cuestiona su muerte por algo tan ridículo como volver la vista atrás, ni tampoco vuelve a hablar de ella en ningún momento.
Siempre se corre un cierto riesgo cuando se hacen generalizaciones, sin embargo a veces es necesario para observar los hechos desde un prisma más objetivo o, cuanto menos, más cercano a la realidad, teniendo en cuenta los datos de los que se dispone.
Con la información que hoy en día manejamos podemos establecer que el abuso sexual infantil se perpetra en su mayoría dentro del entorno familiar, siendo el agresor más frecuente es el padre o padrastro. Otra característica bastante común y de gran trascendencia es el papel que interpreta la madre y que, en muchas ocasiones, no está a la altura de las circunstancias. Quienes hayan vivido estas situaciones, probablemente, sepan muy bien de lo que hablo.
Si observamos la historia de estos personajes bíblicos desde otra perspectiva, intuiremos una serie de detalles muy familiares para quienes hemos padecido abusos sexuales en la infancia.
Lot, el agresor, culpabiliza a las víctimas, sus hijas, y las convierte en cómplices de lo sucedido, quedando él como un mero agente pasivo y semi inconsciente, a merced de sus propósitos.
Muchos agresores, hoy en día, hacen uso de este mismo argumento: fueron las víctimas quienes los sedujeron.
Si nos tomáramos al pie de la letra el relato de los embarazos habría que concluir que es extremadamente difícil creer que se trató de dos abusos ocasionales. El agresor siempre es reincidente, por lo que es muy lógico pensar que esos abusos ya se producían tiempo atrás. Y por otra parte, creer que dos contactos sexuales devienen en dos embarazos, sinceramente, es mucho creer.
Es interesante, asimismo, observar como Lot se lleva a sus hijas a una cueva porque, al parecer, no se siente seguro en Soar. Inevitablemente observamos el paralelismo con esa otra realidad que se quiso ocultar. El agresor se lleva a sus víctimas, apartándolas de cualquier entorno protector donde puedan ser vistas, hasta un lugar oscuro, inhóspito y temible. Eso parecería sugerir la cueva a los ojos de la víctima.
Capítulo aparte merece el papel de la madre, aunque debo insistir una vez más en los peligros de la generalización, por lo que no todas las madres deben sentirse aludidas. Comentaba antes que la madre no siempre cumple con las expectativas de la víctima. La Biblia refleja claramente esta situación. La madre se convierte en una estatua de sal. O lo que podría ser lo mismo: desaparece, no interviene, no ve nada.
También es verdad que las expectativas del niño respecto a la madre, en su búsqueda de protección y auxilio, van más allá de lo razonable, pues en muchos casos, ésta no se da cuenta de lo que sucede. El agresor se cuida muy mucho de que eso sea así, bien sea a través de engaños, chantajes o amenazas. Pero también se dan situaciones donde la madre es conocedora de los acontecimientos, ya sea en tiempo presente o bastante tiempo después. Y desgraciadamente, en demasiados casos, ésta prefiere inhibirse de cualquier responsabilidad.
Al igual que hace miles de años, las víctimas de ASI suelen estar atrapadas en el silencio, mientras que los agresores mantienen una absoluta impunidad, incluso pueden llegar a ser considerados miembros especialmente respetables entre su comunidad.
Muchos episodios de la Biblia han sido estudiados y reinterpretados desde muchos ángulos. Este es uno más, y cada cual es libre de sacar sus propias conclusiones. Las pruebas están al alcance de todos para que juzguen como pudieron suceder los hechos.
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