Enmmanuel Kant: "Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él".
Simón Rodríguez fue una de las personas que más influencia ejerció en el ánimo, en la vida y en el futuro de Simón Bolívar y, por su intermedio, en todo el continente. Bolívar había sido un niño desafortunado: a los 3 años quedó huérfano de madre y a los nueve perdió también a su padre y fue entregado a la negra Hipólita a quien quiso, según lo dijo posteriormente en una carta, como a una madre. Pero la tutoría del menor era responsabilidad de su tío Carlos Palacios quien, entre otras cosas, asumió debía definir la escogencia de sus maestros.
Don Carlos hizo varios ensayos pero al final escogió a Rodríguez. Este era un caraqueño nacido el 28 de octubre de 1769 y contaba con 25 años a la hora de ser llamado a trabajar como maestro del futuro Libertador. Se había formado a la luz de las ideas revolucionarias de Europa y adepto a las teorías educativas de las tesis expuestas por Juan Jacobo Rousseau.
El maestro era hijo expósito y un poco excéntrico. Sus biógrafos lo catalogan de sarcástico y cínico. Para confirmar estos adjetivos relatan un episodio llamativo: Una vez, se enojó con alguno de sus hermanos y en represalia se cambió el apellido Rodríguez y adoptó el de Carreño. Y además otro dato: a sus hijos los bautizó Maíz y Tulipán, como cualquier grano o flor de su huerto.
Era un firme convencido de que la mejor forma de aprender era la de ponerse en contacto con el objeto de estudio. Si se trataba de estudiar la naturaleza, era necesario visitarla, tocarla, ponerse en contacto con ella, palpar la corteza de los árboles, aspirar el aroma de las flores... Tal vez por esto sometió al joven discípulo a largas y agotadoras caminatas y variados ejercicios entre ellos los de equitación en los cuales el Genio de América habría de adquirir sus extraordinarias habilidades como jinete las cuales le serían de gran utilidad a lo largo de su carrera militar.
Sus enseñanzas fueron definitivas para forjar una personalidad recia y orientada al éxito en cualquier iniciativa que tuviera, especialmente en aquellas relacionadas con el arte de dirigir hombres.
Un día, cuando Bolívar estaba en la edad inquieta de sus 22 años, lo encontró el maestro algo deprimido por la situación de la patria amada. Lo conminó a caminar con él y lo llevó a Lyon y Chambery para luego atravesar los Alpes y entrar en la bota itálica y pasar por Milán, Venecia, Ferrara, Bolonia y Florencia. En Milán habría de asistir. Sin embargo, fue Roma, la ciudad eterna, la que de veras lo atrajo. En el Monte Sacro, cerca a la tierra de Rómulo y Remo hizo un juramento sagrado y adquirió el compromiso firme y sagrado de cumplirlo durante los siguientes años de su vida: "Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor y juro por mi patria que no daré descanso a mis brazos, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español"
Bolívar cumplió su promesa y vivió agradecido con su maestro, a quien años más tarde nombraría "Director de Enseñanza Pública, Ciencias Físicas, Matemáticas y de Artes y Director General de Minas, Agricultura y Caminos Públicos de la República Boliviana"
En 1824 le escribiría una emotiva carta en la que le expresa su gratitud y reconocimiento: "Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso, Yo he seguido el sendero que usted me enseñó"
Simón Rodríguez fue un creador de sueños y un forjador de hombres libres. Y Bolívar tuvo la fortuna de tenerlo a su lado en momentos decisivos de su formación como líder y como ser humano.
Por: Alejandro Rutto Martínez
Fuente del artículo http://www.articulo.org/autores_perfil.php?autor=525
|
Lo bueno que vaya a hacer hoy, hágalo bien, por usted, por su familia y por su país. ¿Ya leíste Maicao al Día?
|

Ver perfil
|