Viejo Arbol
Hoy, de casualidad, quiso el destino que me encontrara, después de tantos años, otra vez contigo.......mi primer gran amor.-
Dijiste mi nombre llamándome, y me sonó tan lejano, y a la vez tan familiar, que, como si de golpe se abriera el cofre de mis recuerdos no pude hacer otra cosa, que sorprendido, saludarte con un simple beso en la mejilla.-
Y las palabras salían presurosas de tu boca, como si quisieran recuperar el tiempo perdido, y me contaste sobre ti, sobre tu vida sin mí, tus hijas, que pudieron ser mías, tu separación, y tantas cosas, mientras yo miraba lo profundo de tus ojos azules, recordando......., mi primer amor.-
Ya no te veía como antes, coqueta, con tu rubio pelo largo, con tus labios con brillo, puesto a escondidas, y pensé, con miedo, que a mí tampoco tu me verías como antes, y cuando preguntaste, ¿y vos?, ¿como estás?, solo pude decir tontamente.......,yo, bien.-
Nos despedimos con otro simple beso, y sin darnos la posibilidad de otro encuentro, al cual ninguno de los dos forzó, te alejaste, mi primer amor, como antes, como cuando llegabas tarde a tu casa después de nuestras citas, y como antes te diste vuelta para darme tu adiós con la mano, mi gran amor.-
Me había dolido más de lo que suponía el encuentro, y casi sin querer, comencé a volver sobre mis pasos, como regresando a un tiempo ido, y fui buscando, también casi sin querer, la plaza con el viejo árbol cómplice de ese tiempo.-
Y te encontré, como a un viejo amigo, estabas allí como siempre, y al buscar en tu corteza, también el nombre amado estaba allí, sobreviviendo al paso del tiempo.-
En silencio, dialogué mentalmente contigo, viejo árbol de mi barrio que tienes en la corteza el nombre de la muchacha que en otro tiempo yo amé.- ....................Era todo hermoso entonces, la barriada callejera jugueteaba y se reía bajo el foco de la luz, y vos toda temblorosa, porque al jurar me mentías, me ponías mil excusas para no besar la cruz.-
¡Mi primer gran amor!.-
Y me fui, sintiéndome tan viejo como tu, mientras el frío de la noche, había humedecido mis ojos.-
Autor: Victor Iglesias Gois
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