El destello
Los primeros años de su vida marcaron a fuego su existencia, debido a los cambios bruscos que experimentó y que fueron como bofetadas, tan seguidas, que no le daban tiempo para reponerse, cuando ya venía la siguiente. Fue arrancado de su terruño, de su paraíso, sin explicación, para llevar una vida difícil, violenta, y llena de necesidades insatisfechas. Fue tal su rebeldía, que estuvo a punto de caer en el abismo de la delincuencia, de donde es imposible salir airoso.
Una frase oída al pasar caló hondo en su ser: "Mira, niños como ese, son futuros delincuentes", como si un ángel hubiera llegado a sacudirlo por los hombros diciéndole: ¡Reacciona, estás cayendo en un hueco oscuro!
El siempre había buscado la luz, la vida, la naturaleza, el bien, Dios, y no estaba dispuesto a seguir un camino que lo condujera a la falta de todo eso, por lo que aún, sin una guía y ejemplo fuertes, se propuso escoger solo aquellas acciones que le sirvieran para progresar. Así consiguió estudiar, trabajar y mantener una familia, pero nunca pudo volver a su paraíso, es más, su paraíso ya no existía, sino en sus recuerdos.
Esta realidad, mas el estrés de la vida moderna, y el cansancio de los años, lo llevó a tener que pasearse por clínicas y hospitales buscando el equilibrio perdido.
Las ruedas de la silla giraban rápido a través de fríos pasillos, esquivando pasos apurados y camillas atravesadas, en espera de ser movidas para aplicar rayos equis u ondas de ultrasonido, en un ambiente impregnado de una mezcla indescifrable de medicamentos y antisépticos.
De repente, un relámpago invisible a los ojos insensibles, produjo un destello al cruce de dos vidas, una que terminaba y otra que empezaba.
La silla de él se cruzó con la camilla de su pasado, una camilla demasiado grande para aquel niño con el torso desnudo, con un pantalón corto ensangrentado y la cara tapada con su propia camisa, signo inequívoco de la ausencia de vida.
Muchas veces su madre lo había imaginado así, al no tener noticias por varios días, hasta que aparecía para recibir su reprimenda.
De ahí en adelante, poco a poco su equilibrio se fue restableciendo y consiguió vivir plenamente en el nuevo paraíso que su energía positiva le ayudó a diseñar.

Silvia Atrio





































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