No se trata de un partido de fútbol
Siempre me llamó la atención la euforia, nerviosismo, taquicardia, sudor, manos frías y otros síntomas incontrolables que genera un partido de fútbol en algunas personas, más aun, si el equipo por el que se "hace fuerza", es el del propio país.
Si el equipo gana, la felicidad es total, todos se sientes orgullosos del triunfo aunque no se haya levantado una sola pierna ni tocado balón alguno, se olvidan todos los problemas. Si el equipo pierde, la decepción y tristeza son grandes y se buscan responsables del fracaso, para aliviar en algo el dolor.
Pero todo es un juego, que al poco tiempo se olvida, para comenzar nuevamente a aparecer los síntomas antes descritos, en el siguiente encuentro. Estas pérdidas y ganancias solo involucran a los equipos que juegan, a sus clubes e indirectamente a sus fanáticos.
En el caso de los gobiernos, cuando un grupo gana unas elecciones, la oposición se dedica, como en un campeonato de fútbol, a enfocarse en los errores de su contrincante para ver como lo hace caer, sin importar lo bueno que haga para el beneficio del pueblo que supuestamente está defendiendo.
Tanto la oposición, como el grupo ganador, deberían trabajar juntos para avanzar. La oposición, siendo guardián de los intereses generales, evitando extralimitación de poderes y el grupo ganador, escuchando a la oposición para moldear su conducta.
Muchas veces se pierde esa perspectiva y se siente el triunfo del otro como un gol que hay que revertir, sin valorar las buenas consecuencias que pueden significar ese gol, para el bien común. Esto debido también, a que cuando se tiene el poder, también se tiene la posibilidad de conseguir prebendas y puestos para los familiares y amigos, y cuando se pierde el poder, se pierde todo y se entra en un limbo del que solo se sale, cuando se ganan las elecciones.
Esa es la concepción del juego de la política, en los países que están en vías, nada más que en vías, porque el desarrollo lo tienen lejos. No hay continuidad, porque el que llega, comienza de cero, desconociendo los avances del gobierno anterior. En vez de ir en línea recta que es la manera más rápida de ir de un punto a otro, se cambia el rumbo continuamente haciendo del camino recorrido un zig-zag, en el que poco se avanza y quizá pueda llegar a devolverse.
No se trata de reelecciones, sino de sentido de pertenencia individual y colectivo, de construir y criticar sí, pero con el propósito de seguir construyendo. La vida de un país no es un juego de goles y revanchas, es algo con lo que no se debe jugar.

Silvia Atrio





































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