¿Sinceridad en las ofertas de empleo?
Encontrar en estos tiempos revueltos artículos que aconsejan como adaptar un currículo a los tiempos de crisis, es fácil. Otros menos instructivos y más críticos perjudican la imagen del desempleado al poner en énfasis la tendencia a recurrir a la mentira para aumentar las oportunidades. Mentir es parte de una condición humana por tal no es de extrañar que haya personas que mientan en sus hojas de vida. No descubren nada nuevo, pero artículos así perjudican más que benefician al dar la sensación de que es una práctica exageradamente usada. Queda expuesta una visión del ser humano como mentiroso por naturaleza. No es de extrañar la desconfianza por parte del entrevistador que se preocupa por no ser engañado, e intenta afinar en todo lo posible su ojo evaluador. Desconfianza será el punto de partida aún después de contratada la persona que deberá romper ese muro que le distancia de una integración en la empresa.
Otros artículos menos comunes son aquellos que hablan de la otra cara, sobre la actitud del empresario o del entrevistador. También son personas y por tales tienen la capacidad de mentir. ¿Quién pone en juicio la capacidad de estos de ser claros, transparentes y sinceros a la hora de exponer el perfil del candidato que buscan?¿A caso delimitan las funciones, comunican las expectativas que se tienen sobre el puesto y la persona que quiere contratar?
Existen de igual modo empresarios que recurren a la opacidad, y a la actitud “cuenta gotas” a la hora de comunicarse con el candidato. Buscan empleados disciplinados, diplomáticos, serios, y con otras cualidades que muchas empresas carecen y bien lo demuestran al no dar respuesta sobre el resultado de una entrevista. El silencio uno debe entenderlo como un no. Aquel que consigue superar la entrevista, y adquirido el puesto descubre tardíamente que las funciones no eran como se las relataron o bien se topa con el “mareo inesperado” en el cambio de funciones dándole vueltas de un lado a otro. Esto último hace debatirse en sí había premeditación o es que el empresario está más perdido que el novato. Una actitud que puede ser habitual en tiempo de crisis.
¿Dónde está la claridad de las empresas entonces? ¿Se puede confiar?
Incomunicación y desconfianza es el motor de la poca movilidad existente en asuntos de contratación laboral. Parece ser que no se trata de candidatos que busquen engañar para cazar un puesto de trabajo, sino que las tornas han girado y no olvidemos que existen empresarios que en lo impreciso de su comunicación y la venta de falsas ilusiones quieren cazar a un candidato que ocupe el puesto.
Preparado, joven, con pocas exigencias económicas y dos requisitos fundamentales en estos tiempos; alto grado de implicación y disposición a la multifuncionalidad. Añadido a una aceptación de no progreso, y no pretender variar el contrato inicial.
Relájese en la próxima entrevista, o la vez que quiera revisar su contrato, necesita de esa calma para evaluar y analizar también a quién tiene delante. ¿Qué puede esperar?
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