Cual más, cual menos, toda la lana es pelos
Cualquier régimen que incorpore la reelección presidencial para continuar detentando el poder como lo predica el MAS y Evo Morales (llegamos para quedarnos toda la vida) no deja de ser solamente un gobierno hegemónico más, de tinte autoritario y antidemocrático, que no respeta en lo más mínimo “las reglas de juego” de la democracia y que busca prorrogarse hasta el fin de los tiempos adecuando su discurso según la ocasión lo amerite. Sin embargo, deben recordar que hasta para normar la competencia política se requiere de ciertas normas que regulen el proceder de los políticos que en la mayoría de las veces incurren en el manejo discrecional del poder político como es el caso del actual gobierno, todo en nombre del “cambio”.
Ciertamente la acción política pesa más que el interés nacional, la mayoría de aquellos que se encuentran en carrera a la silla presidencial no proponen soluciones claras y frescas ante la carestía de recursos económicos del grueso de la bolivianidad que debe de buscar subempleos mal pagados, sin ningún tipo de seguro y hasta temporales; sólo con tal de sobrevivir. Se necesita, entonces, dar soluciones concretas y sostenibles a la deficiencia en el sistema educativo boliviano, el desempleo, la defectuosa atención en lo que a servicios de salud ser refiere, la corrupción en todos los niveles del aparato estatal, el crecimiento de la tasa delictiva, las licitaciones dudosas manejadas a discreción, el narcotráfico, el tráfico ilegal de estupefacientes, las plantaciones ilegales de coca, negociados ocultos, iniquidad social fruto de las políticas raciales, etc.
En esta “pelea por la retención del poder” el gobierno ha establecido una política de censura contra la prensa, especialmente aquella que no se supedita a los dictámenes de aquellos en el poder. El gobierno se ha dedicado a armar toda una tramoya para desvirtuar y desacreditar la labor de los trabajadores de la prensa, evitando el libre desarrollo de su labor cuando de temas escabrosos para el gobierno se trata. Las agresiones a la libertad de expresión, al derecho de saber la verdad, al derecho de los miembros de la prensa de realizar su trabajo, al derecho de disentir etc. se han hecho lamentablemente manifiestas y solamente han demostrado que el gobierno tiene una aversión incontrolable hacia los medios de comunicación que no se alinean a su “ideología”.
El cambio, debe ser para todos, no debe ser una imposición de un modelo autoritario, se debe respetar la institucionalidad y la democracia y la soberanía nacional que al parecer no es sino una suerte de “dependencia” de poderes ajenos al tío del norte y más cercanos a Sudamérica. El cambio debe ser cambiado dirían algunos en esta aparente democracia, que nos muestra este “cambio” como cosa sagrada y que en cuyo nombre se ha cometido diversos hechos irregulares. En estos tiempos la “revolución democrática cultural” no debe ser en términos de enfrentamientos entre connacionales, represión de disidentes al gobierno, violencia o aprehensiones dudosas, humillaciones y vejámenes en contra de los medios, discursos basados en el resentimiento y el rencor, azuzando los ánimos de los eventuales adeptos, etc. El cambio debe ser fructífero y provechoso en términos de la reconstrucción de una unidad imperecedera de todos los bolivianos, una revolución económica, la generación de empleos, la inversión nacional y extranjera con reglas bien definidas y sin ambigüedades, etc. que el país anhela ya hace mucho tiempo.
Es necesaria la renovación del liderazgo en Bolivia, no se necesita de gobiernos militares menos de gobiernos autoritario-populistas, ya sean de derecha o de izquierda, que se dicen representantes de los más necesitados y sólo se dedican a arrasar con el “estado de derecho” mediante el discurso al agrado y gusto de sus seguidores y el acallamiento de aquellos que disienten de sus políticas. Los próximos comicios generales deben ser asumidos por el país de manera seria y responsable en relación a que candidato dar el voto, aunque un servidor cree que donde todo es malo, no cabe elección posible, además que de la accidental oposición ni hablar.
Por DAVID N. FORONDA
http://edta.radioteca.net/leer.php/2934979






































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