COVID - 19. 18.- Covidolocos: el origen. Parte 1.
Serie Cuentos de Cuarentena
Escribir es lo mejor que puedes hacer cuando estás en cuarentena. Dejar volar la imaginación para salir del aburrimiento cotidiano. Mezclar lo real con lo fantástico es un buen ejercicio para la mente: estimula el cerebro y las neuronas dejan de morirse por falta de uso. Éste es un resultado positivo – creo – de la cuarentena entre marzo y julio de 2020.
18.- Covidolocos: el origen. Parte 1.
JP era el epidemiólogo estrella de su país: era el que menos se equivocaba en sus pronósticos. ¡Hasta parecía meteorólogo! Éstos son especialistas en pronosticar mal las condiciones locales del clima. JP llevaba una vida tranquila y exitosa en los medios académicos y públicos, debido también a su carisma.
Pero todo se fue al carajo cuando una nueva epidemia empezó supuestamente en China. Tengo que contribuir a curar esta enfermedad, pensó. El virus no es tan dañino: parecía que los chinos no estaban siendo tan afectados. Seguro puedo encontrar algo para detenerlo, reflexionó. JP tenía una ventaja adicional: también había estudiado genética y conocía todas las técnicas necesarias para estudiar y procesar el virus.
Recordó los tratamientos homeopáticos: usar las mismas sustancias para curar. Todo depende de la dosis y de la preparación del producto. Entonces, si el origen más probable del virus eran los murciélagos de herradura, la solución tenía que estar en ellos. ¡Lógico! El problema era que tenía que ir hasta China para conseguir la especie inculpada y encontrar individuos con el virus. Como era prioridad, su misma universidad le financió el viaje y el material que necesitaba. JP trabajaría solo, no quería compartir sus descubrimientos. ¡Qué raro! Ningún científico hace eso.
¿Cómo hacerle para separar ese tipo de SARS de otros coronavirus y de otros virus peligrosos que traen los murciélagos? ¿Cómo es posible que ellos tengan tantos virus y no se enfermen? El enfoque del estudio siempre es lo más importante. ¿Debería tomar sólo muestras de sangre? Tal vez también necesitaba estudiar la piel, los músculos ¿o algo más?
Finalmente, en una cueva húmeda y oscura en el sur de China (aunque no sabía si ya se había pasado a Vietnam) encontró los murciélagos infectados que necesitaba. Su enfoque era diferente y seguramente funcionaría. Pero el destino le tenía preparada una trampa. Se perdió en la cueva y quedó atrapado en la oscuridad por varios días. Sólo escuchaba el ruido constante de los murciélagos. El hambre y la sed lo atormentaban. ¿Qué hacer? Tenía que comer o beber algo. El dolor de tripas era intenso, tenía la lengua reseca y apestosa (su última “comida” habían sido unos cheetos) y le dolía la cabeza de sólo pensar en su precaria situación.
¿En qué simas de desolación extrema, de necesidades no satisfechas o de iluminación científica se le ocurrió que podría sobrevivir con…leche de murciélaga?

Cuentista Chido























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