El Catecismo católico favorece la crueldad hacia los animales

El Catecismo católico favorece la crueldad hacia los animales

Para la historia del intelecto y la filosofía europea, el filósofo Descartes, agravó aún más la visión del mundo centrada en el hombre, con su tristemente célebre “cogito ergo sum”, pienso, luego existo”. Esta frase se convirtió en un poderoso programa de acción, reduciendo el espíritu al cerebro del hombre. El resto del mundo es materia inerte, un animal no es más que un puñado de células, que Descartes compara con un mecanismo, cuyos dolores no son para el más que el chirriar de una máquina.

Este desprecio por los animales tiene su continuación en el Catecismo actual de la Iglesia católica romana, que subraya el derecho al dominio inmisericordioso del hombre sobre las demás criaturas, y da vía libre sin limitación a que los animales sean utilizados para la alimentación y fabricación de vestuario, que permite los experimentos con animales y que sólo condena el sufrimiento de los animales “así éste contradiga la dignidad humana”. (Catecismo, Rd.Nº2417).

En ninguna parte se encuentra alguna Encíclica contra el cruel trato en los laboratorios, en las jaulas de las granjas de cría, en los transportes o en los mataderos. Es más, los altos dignatarios eclesiásticos disfrutan de las corridas de toros y defienden los crueles juegos con animales durante las celebraciones festivas de la Iglesia. En ellas se arrojan cabras desde una iglesia, se sacrifican como oráculos vivientes a palomas atadas con explosivos y en Navidad tiene lugar la matanza sin igual para celebrar la Fiesta del amor convenientemente”.

Vida Universal

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