El hormigón es una mezcla de componentes sólidos muy diferentes y de agua. Por tanto, necesariamente el hormigón tiene que ser un material heterogéneo. Pero decir que un hormigón debe ser homogéneo indica que debe ser uniformemente heterogéneo, es decir, que en cualquier parte de su masa los componentes del hormigón deben estar perfectamente mezclados y en la proporción prevista en el diseño de la mezcla.
La mezcla adecuada de los componentes del hormigón y la homogeneidad de la masa se logra en la amasadora y hormigonera pero, esta mezcla puede dislocarse durante el transporte, el vertido y durante el compactado, dando lugar a que los elementos constitutivos del hormigón tiendan a separarse unos de otros y a decantarse de acuerdo con su tamaño y densidad.
La pérdida de homogeneidad es mayor cuanto menor sea la cohesividad del hormigón, es decir, cuanto menos adecuada sea la relación arena/grava, mayor el tamaño máximo del árido, mayor el contenido de agua, etc. Los hormigones deben ser dóciles sin que presenten segregación, es decir, deben tener cohesión.
Segregación y exudación del hormigón
A este fenómeno indeseable de separación de los elementos constitutivos de la mezcla del hormigón se le denomina segregación, y puede dar origen a hormigones con superficies mal acabadas, con coqueras o, por el contrario, con exceso de mortero, con una gran repercusión negativa en la durabilidad y resistencias mecánicas del hormigón.
La exudación es otra forma de segregación en la que el agua tiende a elevarse hacia la superficie de la mezcla de hormigón como consecuencia de la incapacidad de los áridos de arrastrarla con ellos al irse compactando. Esta agua crea en la superficie del hormigón una capa delgada, débil y porosa que no tiene resistencias ni es durable. Un hormigón con buena cohesión no presentará ni exudación ni segregación y, por tanto, será homogéneo.