Dai Sijie es chino. Nació en 1954 en la provincia de Fujian. Por obra de Mao Zedong sufrió tres años de “reeducación agraria” en un pequeño poblado de la frontera con el Tibet.En esta novela se cuentan cosas de chinos. Los chinos son unas personas que sufren mucho pero no se les nota. Siempre mantienen esa expresión entre risueña y desconfiada. En todo momento y circunstancia. Da igual lo que les ocurra.Si están es sus cabales, deducirán sin esfuerzo que el párrafo que acaban de leer es una memez. Pues esa impresión puede quedarle al lector después de terminar las doscientas páginas de Balzac y la joven costurera china.Un joven de dieciocho años que por la fuerza es separado de su familia y enviado a un mísero poblado campesino de la montaña, debería encontrarse mal, aunque sólo fuera un poco, al menos al principio de la “experiencia” debería mostrarse algo traumatizado. Sólo con pequeños detalles Dai Sijie deja ver la salvajada que significó la Revolución Cultural de Mao.La novela no tiene consistencia, se deshace como un dulce de algodón. Dos chicos y una chica, jóvenes: el amor, la montaña, el sexo, el poblado y sus habitantes, el cine, la pasión por los libros, la ciudad, la opresión política, contar historias; tantas cosas aparecen… Pues ni una de ellas se toca en la novela con un mínimo de profundidad o constancia. Todas se entremezclan dejando una vez tras otra la sensación de vacío e insatisfacción.No digo más.
Balzac y la joven costurera china, de Dai Sijie
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