Desde el año 2004, fue aprobado para el mundo empresarial, un nuevo método de administración y organización de información. Me refiero a las ya conocidas: facturas electrónicas. De la misma manera que lo hace una factura impresa, una factura electrónica cuenta con validez y constancia y sirve para comprometer la entrega de algún bien o servicio, así como para obligar a hacer el pago correspondiente o bien, llevar a cabo una transacción comercial entre el comprador y el vendedor. La factura electrónica puede ser enviada, archivada o transmitida mediante diversos medios electrónicos y estrictamente se debe de imprimir bajo las especificaciones establecidas por la Secretaría de Administración Tributaria. Así como sucede con el proceso tradicional de facturación, todos los contribuyentes deben de comprometerse a conservar las facturas electrónicas por un periodo de 5 años. Las facturas electrónicas están al alcance tanto de grandes empresas como de pequeñas y medianas empresas, inclusiva hasta personas físicas pueden recurrir a este método.
Los beneficios de la facturación electrónica son muchos. Entre ellos, que se logra reducir tanto los procesos administrativos como los tiempos, bajo la seguridad necesaria a una gran rapidez. Por otro lado, con las facturas electrónicas puedes ahorrar hasta el 50% de los costos del proceso, en cuanto a papelería y almacenaje y sin duda alguna, le proporciona a tu empresa una imagen mucho más innovadora y fresca.
A. Verástegui
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