Haz un pacto contigo mismo

Haz un pacto contigo mismo

Hay un viejo proverbio que dicta así: "Las apariencias engañan". Este viejo refrán tiene mucho de sabiduría y yo quisiera revelar (según mi interpretación) una aplicación en particular de dicha idea.

Se trata de nuestra relación con nosotros mismos. Aparentemente nosotros somos todo un mismo Ser y aparentemente, también, queremos lo mejor para nosotros, tanto la felicidad como la comodidad ecónomica, la sabiduría espiritual, en fin, de todo lo bueno.

Pero yo me pregunto si realmente es así. No entiendo como es que si queremos la felicidad nos la pasamos luchando constantemente contra las demás personas y sobretodo las más cercanas a nosotros (y por gusto, además); tampoco entiendo como alcanzaremos las comodidades económicas si no hacemos nada por ello y esperamos eternamente a que suceda, así sin más.

Todos queremos alcanzar la sabiduría y conocer como es que funciona la vida, sin embargo, nos cuesta mucho ser personas fuertes y puras, requisitos indispensables para alcanzar el espíritu.

En fin, que mientras por una parte deseamos lo que por derecho divino nos pertenece que no es más que lo mejor de la vida, en todos los sentidos, por otra parte no dejamos de atentar contra nosotros mismos haciendo imposible alcanzar las cualidades necesarias para que se nos revelen todas nuestras potencialidades.

Es imperativo llegar a un pacto entre esas 2 fuerzas (creadoras y destructoras) que viven en nosotros.

Para esto lógicamente se requiere de una fuerza de voluntad extraordinaria.

Pero si profundizamos un poco nos percatamos que las fuerzas destructoras también juegan su papel. En que nos apoyaríamos para experimentar el crecimiento? Cuál sería aquel obstáculo que después de ser superado nos brinda una nueva revelación de la verdad? Cómo podríamos experimentar el bien si no nos enfrentamos contra el mal?

En esta cuestión la clave se encuentra en desarrollar la fuerza de voluntad.

Miguel E. López

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