& nbsp; Ante una situación duramente dolorosa, o ante lo que pensamos pueda ser un giro radical en nuestras vidas, muchas veces tomamos la decisión de cambiar de domicilio, cambiar de ciudad, o hasta de país. Lo hacemos con la pretensión de dejar atrás el efecto de las situaciones dolorosas, o de comenzar una vida nueva, como si estuviera dentro de nuestras posibilidades borrar el pasado, o eliminar el efecto que las otras personas tienen sobre nosotros.
  ; Quizás esa sea la mejor forma de engañarnos a nosotros mismos. Huir de las situaciones no nos lleva a encontrar el remedio o la solución. Somos parte del problema, pero de la misma manera debemos ser parte de la solución. Si te hace sentir mejor, puedes alejarte por un tiempo prudencial, para pensar acerca del problema y ordenar las ideas, pero ten en mente que es necesario regresar. Regresar al lugar, o regresar a la situación.
&nb sp;   ; Así como un estudiante no puede graduarse si no aprueba todas las asignaturas de la carrera, tu no puedes pretender vivir plenamente si tienes “asignaturas pendientes” respecto a otras personas, o respecto a ti mismo.
&n bsp; Puedes pensar: “pero si aún teniendo asuntos pendientes me está yendo de maravilla, ¿por qué preocuparme en solucionarlos?”. Yo te contesto: si aún llevando una mochila pesada puedes subir una escalera sin problemas,¡¿imagínate cuan más rápido subirías si no llevaras esa carga?!.
No dejes que tus problemas se unan y formen una bola de nieve, que después estará fuera de tu control. Actúa a tiempo. Piensa y soluciona un problema por vez.
&nbs p; Nos vemos pronto. Visítanos y déjanos tus comentarios.
Carlos Cabrera
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