La liposucción fue la primera intervención efectuada en gran número en el campo de la de la cirugía estética.
Es una técnica que se utiliza para el tratamiento de acúmulos localizados de tejido adiposo en distintas partes del cuerpo, lo que se denomina, lipodistrofias. Los resultados, en general, son muy buenos sobre el volumen de las zonas tratadas, pero mejora muy poco el aspecto superficial de la piel, la celulitis, conocida también como “piel de naranja” o “piel poceada”. La liposucción tampoco está indicada para el tratamiento de la obesidad, pero en algunos casos puede complementarlo.
La técnica de la liposucción consiste en aspirar la grasa de la zona afectada con una cánula conectada a un aparato de aspiración.
La acumulación anormal de grasa, que es aspirada, no vuelve a reproducirse después de realizada la intervención.
La lipoplastia debe practicarse cumpliendo todos los requisitos de una intervención quirúrgica: En un quirófano y en condiciones estrictas de asepsia. Generalmente se practica bajo anestesia local o epidural. Antes de efectuar la intervención es necesario evaluar el tipo de piel del paciente y la cantidad de grasa a aspirar para que no queden deformidades ni irregularidades y los resultados de la operación sean óptimos.
Según cada caso y el tipo de anestesia que se utilice se realizará de forma ambulatoria, el paciente se va a casa en el día o con ingreso en la clínica durante 48 horas.