Había una paciente que estaba en labor de Parto, varias horas, la evaluaba constantemente, eran los primeros años de la década de los 90, gobernaba Fujimori, le hice tacto al inicio de la jornada, las espinas eran ñatas, el promontorio no se palpaba, es decir la pelvis era buena, era una pelvis ginecoide, así que decidí darle oportunidad para un parto normal, pero en el transcurso del tiempo se quejaba de mucho dolor, en determinado momento las contracciones se alejaron, la hidraté, luego la estimulé, llegó hasta 8 cm de dilatación, iba bien…pero el dolor la agobiaba , se quejaba y gritaba la de cosas…¡Ya no aguanto mas!....¡Opérenme carajo!...¡Me muero! Y otras procacidades, hablé con la familia y le dije que no se podía dejar así el caso, ella está dilatando bien, pero no tiene la preparación ni el coraje para aguantar un parto, así que Cesárea o la llevan al Hospital, cesárea doctor dijeron…inmediatamente la programé, la llevaron a la Clínica y pasó al Quirófano, llegó la doctora Wilma le puso la anestesia y cuando estaba ya acostándola, los cirujanos ya estábamos lavados listos para operar, de repente la paciente empieza a gritar ¡Me hago el dos…me hago…!, cuando le abrí las piernas aprecié que la cabeza del feto asomaba por el introito, ¡Hola!-le dije-¡ahorita ya te la de das de apurado!...¡Apura doctor!-me dijo-… ¡Me tiró de cabeza!-me amenazó- rápidamente la pusieron en posición de Parto, episiotomía amplia y ¡Zas! Bebé afuera con maniobra de Kristeler realizada por el mismo pediatra, sutura de la herida, a su cama, al día siguiente alta, los familiares felices, la paciente llena de vergüenza… la doctora cobró media tarifa.
Un parto en la clínica
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