17-3-08
A pesar de que mi voluntad se comprometió a escribir un pequeña artículo diario (con excepción de los fines de semana debido a las obligaciones familiares) el pasado viernes fallé. Errare humanum est. Pero hoy es lunes y aquí estoy y no me falta de qué hablar. Por ejemplo, del arroz. Parece una materia baladí, eso que se dice tontería de tonto, de bobo, de imbécil babeante. No lo es. Demostración. Ayer salí a comer en familia, como los señoritos en domingo. Petición culinaria: arroz con bogavante. Reflexión: qué ladrón es el arroz. Por sí mismo es un insípido. Si lo juntamos con sabroso condimento, se apropia de sus sabores como un ladronzuelo. Me recuerda a esos rateros de guante blanco (delitos económicos, les llaman) que saben juntarse con el dinero para arrebatarles su sabor y terminar convertidos en fenómenos de la economía y la empresa. Por hacer un símil: dispongo de acciones, elevo artificialmente su valor y las vendo en su mejor momento. Años más tarde me denuncian, me procesan, me condenan, pero a la Justicia se le cae la venda y me absuelven por prescripción del delito. Como el arroz. A ver quién se atreve a meter en la cárcel a los cientos de granito que saben como dios.