Desde luego, si hubiera que diferenciar entre las características que presentaban los artistas llamados “clásicos” frente a los modernos actuales, los primeros darían mil vueltas en cuanto a historias truculentas, relaciones mal terminadas, y malas compañías, que en ocasiones terminaron por destruir la carrera de más de uno que se atrevió a dejar de lado esas compañías tan funestas.
Es el caso de Frank Sainata, el mejor crooner de la historia, un artista integral si eliminamos (al menos lo intentamos) de nuestra memoria sus deplorables películas, que no hacían ningún favor a nadie.
Este gran músico, se dedicó durante la segunda mitad de los años cuarenta, a celebrar bodas para sus amigos, dónde ejercía de oficiante, y dónde cantaba para animar a la concurrencia alguno de sus mejores temas.
Pero lo que sus amigos no sabían, o no querían saber, es que las invitaciones de bodas que el cantante redactaba y diseñaba para ellos, contenían mensajes ocultos dirigidos a algún enlace de la mafia acerca de movimientos de dinero, de drogas, de armas o de licor, captados por la policía, entre los cuales tenía Frank unos cuantos buenos amigos que el decían todo lo que él quería saber.
Tras realizar esta actividad durante unos largos cuatro o cinco años, hasta principios de los años cincuenta, decidió retirarse del negocio, pues corrían malos años para la mafia en los EEUU, y él se dedico a cantar en todas partes donde se le dejaba hacerlo y a grabar grandes discos que han quedado para la posteridad como su mejor herencia para el mundo.