La boda y el amante

La boda y el amante

Te permito todo, ¡todo!, menos que vengas a irrumpir el día de mi boda Marco Antonio. Lo que hubo entre nosotros no volverá a ser. El hecho de que yo fuera buscarte cada que Alfonso tenía un viaje de negocios no significa absolutamente nada.

Apréndete muy bien lo que te voy a decir Marco Antonio, por que va a ser la única vez que te lo diga: ¡no-te-a-mo!, así es, no te amo ni tantititito. Mírate, cómo crees que voy a cambiar mi bodas con Alfonso por irme contigo a quién sabe donde. Alfonso me ofrece todo lo que tú jamás tendrá ni en tus más ambiciosos sueños, viajes, joyas y un apellido de muchas sílabas, no como el tuyo que es mas corto que tu segundo nombre.

Este beso es el último, no ahora que seré la mujer de Alfonso tienes que olvidarte de mí, de nuestras noches bajo las estrellas, de nuestras escapadas al mirador, de nuestras llamadas nocturnas de más de dos horas. Tienes que hacerte a la idea de que me pierdes para siempre. Bésame, bésame porque ya no tendremos otras oportunidades, pero ten cuidado con mi vestido blanco no lo vayas a arruinar con tus manos rasposas. Mejor sujétame de los hombros. Hueles a sol de la calle, no como Alfonso que siempre huele a perfume de la Plaza Andares.

Mira Marco Antonio, tienes que irte, faltan 15 minutos para mi boda, y ahora tengo que retocar mi maquillaje y mi peinado, y poner mi vestidos de novia mira nada más cómo me has dejado, ¡carajo!, no cabe duda que no importa que una te esté repite y repite las cosas, siempre haces lo que te da la gana, no tienes remedio, por eso y por muchas otras cosas prefiero casarme con Alfonso, que siempre me obedece muy calladito y sin cuestionar.

Lorena Somocurcio

La coleccionista

El poder del sí

Querido diario

Sé el primero en Comentar

Recibir un email cuando alguien contesta a mi comentario