Si te vas a casar es probable que hayas escuchado hablar del llamado estudio engagement o, lo que es lo mismo, sesión previa a la boda.
Este tipo de estudio es una tendencia que se ha puesto muy de moda en los últimos años y que muchas parejas han adoptado dentro del ritual fotográfico de su boda.
En esta sesión los novios posan vestidos con ropa casual en un lugar de su preferencia que puede ser un parque, una playa, un bosque y hasta un viejo y abandonado convento colonial. Esta es una forma de refrendar su compromiso a través de bellas imágenes que, junto al álbum principal de la boda, pasarán a dar testimonio gráfico de uno de los momentos más importantes y memorables de sus vidas.
Además de que estas fotos son un bonito detalle para la pareja, reviste una gran utilidad en lo que a la fotografía se refiere. Cuando los novios conocen y contratan al fotógrafo encargado de fotografiar su boda, se encuentran con un desconocido que por cuestiones puramente profesionales va a formar parte del evento.
El estudio Engagement es una gran oportunidad para que tanto la pareja como el propio fotógrafo rompan el hielo y establezcan lazos que tengan más que ver con una posible amistad que con la fría relación que se establece entre un prestador de servicios y su cliente.
Durante esta sesión se hacen chistes, se habla acerca de los intereses de ambas partes, se definen acuerdos no escritos, en fin, en sesiones como éstas el fotógrafo y la pareja construyen una idea clara de lo que desean y pueden tener una referencia más precisa de lo que ocurrirá con las fotos de la boda.
Es por eso que yo aconsejo a todas las parejas que van a contraer matrimonio que contraten esta sesión pues de seguro tendrá una incidencia decisiva en el resultado final.
Pregunten a su fotógrafo si en sus paquetes incluye la sesión Engagement y, si no es así, propónganle llevarla a cabo. Hay fotógrafos que incluso la ofrecen como regalo.