A menudo sucede que mis clientes me cuentan que tienen muchas dificultades para alcanzar sus metas, y cuando empezamos a conversar, vamos descubriendo que para ello, deberían llevar a cabo acciones que nada tienen que ver con sus patrones de conducta habituales.
Poco a poco, ellos mismos se dan cuenta de que es ahí donde fallan, cuesta mucho hacer cosas que nunca o casi nunca hacemos, sobre todo, si pretendemos cambiar de golpe.
Otra de las características de estas situaciones es que solemos centrarnos en lo que nos falta, en lo que no tenemos, en lo que no sabemos, y claro, eso irremediablemente nos lleva a la frustración.
Es muy importante que cuando queremos enfrentarnos a una situación difícil, podamos primero detectar nuestros recursos, es decir, identificar cuáles son mis armas, qué tengo, qué sé hacer, potenciar todo ello en función de lo que quiero conseguir, y comenzar desde los más pequeños cambios hasta llegar a los más complejos.
Si quieres flores, céntrate en las semillas, suelo decirles. Hay que empezar desde ahí, cuidarlas, regarlas, ofrecerles nutrientes para que crezcan fuertes y sanas. Al principio echarán raíces, necesarias para sostener la planta y alimentarse, aunque para nosotros sean imperceptibles.
Luego comenzarán los primeros brotes, que se irán fortaleciendo hasta ser capaces de soportar el peso de las flores o frutos.
También solemos hablar acerca de lo bueno que es visulizar el éxito de nuestra gestión, es decir, imaginarnos esa planta llena de flores, eso nos motiva, aunque también es imprescindible poder disfrutar del momento en que plantamos la semilla, o aquel en el que nace la primer hojita: viivir el presente, disfrutar el ahora.
¿Quieres flores? Siembra unas semillas