Para que luego digan que las mujeres no han evolucionado nada y siguen dependiendo de los hombres... Aunque no me gusta decirlo, en mi caso soy yo el que depende de mi novia. A ver, lo ideal es que ninguno de los dos dependa del otro, pero en lo económico es inevitable, porque yo todavía estoy estudiando. Cuando me gradúe, pienso devolverle con creces todo el favor económico que me ha hecho, seguramente a base de regalos y viajes. En fin, el caso es que yo, hasta ahora, vivía solo en un piso en Barcelona que pertenecía a mis padres, pero como se han endeudado bastante, y sobre eso no quiero hablar demasiado, tuvimos que venderlo. Suerte que no tardamos en encontrar compradores decentes a la hora de vender piso en Barcelona, porque si no, no sé qué hubiéramos hecho.
La cuestión es que yo me quedé sin piso y no tenía dinero para alquilar ninguno, de modo que mi novia, que sí que está trabajando ya (es mucho más aplicada que yo), me ofreció, altruista, irme a vivir con ella... Bueno, de altruista nada, que ella ya tenía muchas ganas de que nos fuésemos a vivir juntos. Yo me resistía, pero la verdad es que las cosas nos van muy bien: en lo que a convivencia se refiere, nos entendemos, y eso es muy importante porque suele ser lo que acaba con la mayor parte de parejas. Me estoy desviando del tema, ¿Verdad? Vale, la cuestión es que el piso de mi novia sí es de alquiler: hace un año se puso a buscar con calma pisos en Barcelona y encontró uno ideal, más o menos grande y con buenas vistas. Encima, tanto ella como yo somos bastante ordenados y sabemos mantenerlo limpio y agradable. Es lo mínimo que puedo hacer, claro: participar en el cincuenta por ciento de las tareas del hogar.